lunes, 26 de marzo de 2012

• Entre Vasos & Sueños •

Llené mi vaso con olvido y me serví un trago.

¡Estaba fuerte! Me dije algo mareado.

Estaba parado riendo en un rincón

Cuando veo que los libros que cargaba en el sueño se habían caído.

Ella vestía de negro y sus ojos eran como el sol a las 13:09.

Se me anudó la garganta.

Volví a llenar el vaso está vez con recuerdos.

¡Al seco! Me dije ebrio, mientras sonaba en mi cabeza algo como:

"No están... No están... No están... Se han ido"

¡Escucho voces! Grité asustado...

Y ella se ahogaba en un río sin fondo,

Caía ahogada entre dos edificios sin escaleras.

¡Con agua en los pulmones!

Y lo último que escuchó fue la risa de la gente,

Y lo último que vio fue su mano alcanzando el óxido de un par de clavos,

Que le devolvieron la esperanza.

Lloramos con desesperación.

Se me caía el vaso... Con olvido y recuerdos.

Desnudo a su lado mientras ella sonreía.


• Alcohol/Blues •

Una cadena gris y roja sujeta del techo, mece con cariño

El cuerpo crucificado de un poeta.

Los pescadores han interrogado a cada una de las olas

Preguntando donde estaban los fríos días de invierno,

Qué ocultaban las noches de verano.

Abrazados a una roca los artesanos lloran sobre los caracoles,

Recogen lágrimas y confeccionan laberintos,

Para cartas olvidadas, saladas… Perdidas.

Los campesinos no perdonaron al mezquino Sol

Que con su antifaz de nubes se escondió sonrojado al atardecer.

Molestos los agricultores con la Luna,

Lanzaron rocas al firmamento, que quedaron suspendidas, brillando en la oscuridad.

Como fuegos de cantera o como hielo glacial

Las dudas penetran los huesos.

Los artistas se suicidaron y dejaron bosquejos

De cajas de vino y barcos de cristal.

Desde las entrañas de la uva, el néctar corre

Desde la cordillera al mar,

Desde el vaso al inconciente.

Los alquimistas se liaron a tiros cuando supieron

Que todo lo que brilla es oro.

Las luciérnagas apagaron su espíritu y dejaron de buscar

Pequeños duendes entre las hierbas del jardín.

No hay esperanza más extensa que la del oprimido,

Ni lucha más sangrienta que la del hambriento.

Las abuelas ya no tejen chalecos, ni trabajan en telares de hilo,

Desparraman sal bajo las escaleras

Y romperán espejos cada 31 de Octubre.

Se quebraron las copas antiguas.

El lugar donde se guardaban los violines y las guitarras,

Aún permanece en llamas.

Apaguen las luces, que hay charla para rato.




• Alcohol/Jazz •

Sobre un plato de vidrio, un incienso reposa intranquilo,

Su aroma a café añejo me queda impregnado en la camisa.

A su lado… La elegante y siempre altiva,

La soñadora y estimulante simetría de un cuerpo embotellado, me llama con seducción.

Parpadeante como antenas a los lejos,

Tiritando, como ojitos saltarines sobre pianos y gafas oscuras.

Gente amable sonríe galantemente hacia el reloj,

Las manos sin anillos se sumergen en la cabellera liquida de los vasos,

De las copas, y brindan como dioses por las luces del anochecer.

Fósforos juguetones nos presentan el fuego

Y entre gritos de alegría nadie escucha el silencio, la forastera pausa.

El sitio y las paredes se pueblan de murmullos,

Los blancos y azules manteles, al son de carcajadas,

Comienzan su danza nocturna una vez más.

Sintonizan las rosas de la mesa la estación de jazz

Y se ajustan el cinturón los cubiertos plateados de segunda.

Comienza la marcha siútica de los zapatos negros y brillantes.

Las mujeres son negras ánimas que se mueven como pétalos,

Que desprenden miradas y pechos revoltosos

Ajenos a querer seducir, siempre dispuestos a conquistar.

La balada de sus lenguas es sinestesia pura,

Indulgencia en clímax.

Cruces moribundas arrastran a hombres de madera

Por los contornos del salón.

Llenas de espinas, las margaritas se lamentan junto a la barra.

Llenos de ira los ojos desparraman lágrimas dentro de la botella.

¿Quién necesita argumentos cuando el viento golpea las cabezas?

Lanzando suspiros coquetos, las velas parecen detener el tiempo

Y el suelo parece de espejos somnolientos… Lentos. Reales.

El alboroto parece ser el único canto capaz

De saciar sus pesadas almas.

El escándalo, la única llave que abre los dominios,

De las alcantarillas y los bares de mala muerte.



• Luminick •

No creo conveniente recordar,

Que a nadie le importan demasiado los dementes.

Consideramos innecesario cortar claveles para tocar su puerta,

Sus oscuras opciones fueron otras...

Casi como caen los ángeles, similar a un pétalo desvanecido,

Su cuerpo yace tendido cerca de la mesa que algún día sostuvo un florero.

Vestida de novia, con sus negros ojos mirando cualquier lugar,

Como si millones de raras profecías aparecieran frente a ella.

Intenta encontrar un sendero que le clave una daga en el pulmón,

Que el veneno que fluye por su cuerpo de niña,

El tóxico fluido que ennegrece sus arterias,

Encuentre la ruta más ligera para apagar su mundo...

Nublar su existencia.

Sus dedos como ramas torcidas de antiguo árbol,

El café aún despide vapor como tren radioactivo

Y las sombras que bailan tango con el aroma sangriento de la muerte,

Fueron su escenario final.

La habitación de los fantasmas disfrazados de payasos,

Ahora es cuna de Millones de almas

Que ríen a carcajadas de su cuerpo tibio...

Cada segundo más frío. Más lejano.

No necesitamos de la Luna para acercarnos y besar tu frente.

No necesitamos del Sol, para querer conservarte inerte entre nuestros brazos,

Hasta que la necia muerte nos guíe hasta tu sonrisa.

Es frustrante, que no haya correo al lugar donde haz ido.

Luminick jamás recibió cartas de amor,

Jamás una mala noticia.

Solo nuestra voz será el espejismo grisáceo que alcance sus oídos,

El medio para charlar donde nadie más existe.

Donde su nombre será celestial palabra.

Eso explica nuestro luto.




• Monicka •

Sin sus latidos esparcidos como años por el suelo

Por las ventanas y los manteles,

La vida cotidiana en este inmueble de arena sería un caos.

Alejado de sus cenicientas vestimentas,

Ardiendo en las esquinas de la mesa

Exclamando por señuelos sexuales,

O por infantiles juegos de los ochentas

La inocencia sería un ritual asqueroso y maloliente.

Monicka es un diván multicolor que entrega descanso al noble viajero,

Reposo, al endeble adicto a sus caprichosas miradas.

Danzando y cantando antiguas melodías matrimoniales,

Monicka olvida que su cuerpo desnudo flota,

Se suspende y se fotografía en cada espacio de la habitación en llamas,

En cada segundo de su reloj detenido.

Sin sus sonrisas lisonjeras o sus lentos parpadeos,

Los cuadros de la sala solo serían aburridas obras de arte párvulo.

Si olvidara sus caricias de anciana enferma,

Mis mejillas solo serían receptores de mezquinos besos de despedida.

Monicka baila al son de horribles pianos y saxofones ya velados y sepultados

En tiempos en que las inyecciones eran pasaportes indispensables,

Para visitar el cielo.

Su pulso es debate indiscutible durante todas las estaciones...

En verano, su corazón no recibe sangre alguna.

Terminado el invierno, Monicka es un débil rayo de sol

Que viste de funeral a las amapolas del Jardín.

En primavera, sus lágrimas son la luz que enciende las calles,

La sombra que oculta a los misteriosos enamorados.

En otoño, sus ropajes ligeros se desvanecen y se arrastran por los aires,

Dejándola desnuda y buscando posiciones por entre las sábanas celestes,

Exigiéndole al Dios, por placer y pecado.

Monicka es un festín de luciérnagas vagabundas,

La algarabía de un millón de mimos sobre las nubes,

El alboroto de un cementerio en pleno desierto.

Monicka es palabra divina.

Y sonrío por eso.





• Uno Y Dos... De Tres •

Uno.


¿Acaso yo pedí la noche después de un día tan lleno de sombras?… No necesito más.

¿Acaso yo pedí la soledad entre delirios vagabundos y la compleja disonancia de tu voz?

Vencí a la muerte, pero perdí ante la vida que tropezó con un mal realizado “suicidio”.

Aprendí a amar, sí aunque suene raro...

Amar la oscuridad, y la belleza de la luz tenue que sobresale de mirar la luna...

A no añorar el sol.

No sé si soy un ser... ¿Se puede serlo sin alma?

Cuando no sientes el tiempo, pierdes la meta de esquivarlo... y avanzas ciego.

Cuando no sientes el tiempo, no debes dejar que solo un reloj logre marcar una huella.

Es como caminar sobre el agua, asombroso, pero al mirar atrás no existe algo recorrido.


Dos.


Debo reconocer que hay cosas que disfruto...

Volar, ser un animal cuando lo deseo.

Traspasar barreras físicas y morales impuestas por hombres sin escrúpulos,

Que las imponen con la intención de dominar a otros...

Yo no me creo superior, disfruto de lo esencial, de lo simple.

Sentirse superior se lo dejo a los muertos y a los Dioses.

¿Y cuantos siguen a los muertos?

¿Y cuantos miles más a sus dioses?

¿Aspiran a lo mismo?

Que desvalida se vuelve la vida cuando pensar es un trámite y no un arte.


Tres.


Son solo 3 divagaciones al respecto...

¿Respecto a que?

A todo.

Primero: ¿Qué es más sano, la locura o el cáncer?

Fumar sin cesar escuchando quejas de vampiras encerradas, desnudas, gritando en la ventana.

Fumar y escuchar en las calles los pasos de las ratas corriendo de un lado a otro,

Como escondiéndose de la luz, de la vida.

Fumar con la mirada perdida, oculta en las voces que susurran con misterio: préndete fuego,

Mata a tus amigos, traiciona a tu familia, elimínate... O mejor aún, continúa viviendo.

Segundo: ¿Qué es más valioso, la locura o el placer?

Observar sus siluetas, anaranjadas, grises, blancas o negras.

Sus manos de agua bendita, de pureza primaveral.

Limpiar con palas y rastrillos las hojas que cubren sus atardecidos corazones.

Besar sus labios... Como quien recibe una bofetada de pétalos, un arañazo de sus suspiros.

Tercero: ¿Qué es más aterrador, la locura o la muerte?

La locura por su parte es vivir una utopía constante, reflejarse en la pared y ladrarle a las cortinas...

La muerte, por otro lado... es vivir una utopía constante, reflejarse en una lápida y ladrarle a la duda.

Vivir, es morir de un placer cancerígeno cuando la rutina, te apuñala por la espalda.

El equilibro, muchas veces es aterrador, y valiosamente sano.